En trabajos como las bodas existen muchas modalidades de presupuestar.
En algunas de ellas, en forma indirecta, el fotógrafo parece desentenderse de todo derecho: entrega las películas o los CDs con las imágenes originales. El cliente se encarga de imprimir todas las fotos que quiera a los tamaños que quiera.
Pero no por eso el fotógrafo pierde el derecho intelectual sobre las imágenes.
Podría darse que alguna de esas fotos se seleccionara para un artículo de una revista como publicidad de la modista. No es que la novia le cede gentilmente la foto para ese fin sino que ella concede (o pone las condiciones) para el uso de su imagen personal.